Durante la Segunda República tuvieron protagonismo muchos intelectuales y artistas. Apoyaron la política reformista del gobierno de Azaña y su programa de extensión cultural. Se crearon compañías teatrales itinerantes, como La Barraca de Federico García Lorca, para llevar a diversos pueblos las obras españolas más importantes. También se destacaron las Misiones Pedagógicas impulsadas por el gobierno con el objetivo de llevar a los pueblos bibliotecas ambulantes, conferencias, reproducciones de obras del Museo del Prado y proyecciones de películas. Durante los años de la Segunda República se destacó la generación del 27, especialmente sus poetas y dramaturgos, como Federico García Lorca y Rafael Alberti. Cuando estalló la guerra civil española en 1936, algunos intelectuales permanecieron en España, otros se exiliaron y otros, como Federico García Lorca, fueron asesinados.